Corría el año 1987 cuando se estrenó la película original de Robocop. Yo era un pequeño adicto a toda ficción que se me cruce, tanto en Hist...

Parte hombre, parte máquina, todo policía: “Robocop: Mortal coils”

Corría el año 1987 cuando se estrenó la película original de Robocop. Yo era un pequeño adicto a toda ficción que se me cruce, tanto en Historietas como en dibujos animados, y me gastaba las horas libres jugando con chiches de acción y leyendo. Mi padre me solía llevar al cine a menudo, a veces para ver pelis que le gustaban a él (Cine de duros ochentosos principalmente, las de Rocky, Rambo, alguna de Chuck Norris o similar) y en otras ocasiones íbamos por pedido mío (Masters of the Universe, Superman, Mazinger, etc.). Esa primavera del 87 lo acompañé a un cine de barrio (Que por supuesto, ya no existe más) sin saber con qué me iba a encontrar. Con mis breves 8 años a cuestas, me costó pasar la escena en que al oficial Alex Murphy lo hace pelota una banda de criminales (Un par de años atrás, había forzado la huida de un cine cuando el Popeye de Robin Williams peleaba con un pulpo en una reposición de la clásica peli del marinero), pero tragué saliva y me la aguanté. Superado el horror, todo fue fascinante. La expectativa que me generaba la construcción del ciborg, la primera vez que se lo ve pasar a través de un vidrio boreal y su primera incursión en esa Detroit distópica me hicieron delirar. A esa peli le siguió una serie animada producida por Marvel, los juguetes de “Juan Sulc”, el fichín, la secuela, los cartuchos de family y ya estaba al horno con papas… Por supuesto quedé enganchado del personaje desde aquel momento hasta la actualidad, siempre dispuesto a volver a esa ciudad del futuro. La oportunidad se presentó en forma de miniserie de cuatro entregas, publicada por Dark Horse en 1993, obra de Steven Grant & Nick Gnazzo, la que hemos conseguido y leído recientemente, por lo que pasamos al inevitable comentario.

 


Previo al comienzo de esta historia, el edificio de la OCP había sido destruido y algunos archivos fueron robados por un tal Coffin, un musculoso tipo Schwarzenegger pero más papoteado todavía, que se dio a la fuga hacia la ciudad de Denver. Un oficial del departamento de justicia le da permiso a Robocop para extender su jurisdicción al estado de Colorado y hacia allí parte en una camioneta super tecnológica, preparada para darle asistencia, y en compañía de la Doctora Marie Lazarus. Ahí es donde comienza la presente Historieta, con ellos llegando a Denver y siendo asaltados por una banda de criminales motoqueros llamados “Scavengers”, ladrones y comerciantes de tecnología, que al ver a Robocop se dan a la fuga, excepto uno que es apresado por el policía. Notan que la ciudad está extrañamente desolada, las pocas personas que alcanzan a percibir los sensores de Murphy están escondidas y nadie se anima a circular. Se presentan en la comisaría local, entregan al reo y piden datos del paradero de Coffin. Le dicen que es la mano derecha del hombre más poderoso del estado, un tal Edward Agincourt, y que podrían encontrarlo en un bar cercano. A pesar de los intentos de Robocop, tras una pelea en el local, Coffin consigue darse a la fuga.




Agincourt es un hombre muy entrado en años, que siente a la muerte pisándole los talones y que busca la inmortalidad. Es el que en realidad domina toda la ciudad, incluida la policía, y quien manipuló a los federales para que manden a Robocop y Lazarus a Denver. Tiene secuestrados a un par de científicos con quienes diseñó un cuerpo robótico y necesita a la doctora y los datos robados de la OCP para pasar su cerebro a un nuevo e imperecedero cuerpo. Por si todo esto fuera poco, tiene un ED-209 bajo su control con el que intimida a quien se anime a hacerle frente.

Lanza toda su fuerza liderada por Coffin, más la policía local a enfrentar y secuestrar a Robocop y Lazarus. Cuando todo parece perdido, los Scavengers, que hacen la suya pero están en contra de la poli corrupta y los mafiosos, irrumpen en la batalla y logran rescatar a un malherido Murphy… pero la doctora Lazarus es secuestrada.

Los Scavengers saben que el paradero de la Doctora es la mansión de Agincourt, por lo que ayudan a Robocop a repararse y lo asisten en el embate final en el que intentará vencer a Coffin, liberar a Marie Lazarus, enfrentar al ED-209 e impedir que Agincourt se salga con la suya…

 


Una aventura discreta, algo predecible, con personajes bastante arquetípicos y sin demasiadas novedades (o casi ninguna), pero bien contada. Steven Grant hace un trabajo correcto, contando una historia más de las tantas que pudo haber tenido Robocop. Lo más interesante y que amplía el mundo del policía ciborg, es que salen de Detroit que es lo único que se conoce de ese futuro distópico en que se desarrolla la historia original. En esta oportunidad, tenemos la posibilidad de cambiar de estado y ver que las condiciones en Detroit no eran las peores que se podían encontrar en los Estados Unidos, y que en Denver las cosas estaban del todo perdidas, con un mafioso al control de todo, con la cana a su servicio y con la poca población civil que quedaba ocultándose y viviendo constantemente con temor.

Por su parte, Nick Gnazzo está al mismo nivel, con un dibujo correcto, pero que no deslumbra, con varios vicios noventeros y, aunque dibuja muy bien a Robocop, no se luce tanto en el resto de los personajes, los que terminan siendo diseños genéricos sin mayores detalles ni particularidades.

Los cuatro números por los que se extiende la miniserie cuentan con unas bonitas portadas pintadas por Ray Lago. Entretenida y poco más, pero sirve para volver a ese fascinante mundo que me enamoró hace tantos años ya…

 


 

 “Quedan bajo arresto por interferir con un oficial federal en el cumplimiento de su deber. Este bar se cierra. Por favor, despejen rápida y ordenadamente.”

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