Continuando mi repaso por cómics de Marvel de mitades o fines de la década de los 80, di con el noveno "taco" de la colección de F...

Continuando mi repaso por cómics de Marvel de mitades o fines de la década de los 80, di con el noveno "taco" de la colección de Factor-X, que traía los episodios finales de una saga de 8 episodios con los números originales de X-Factor #43 al 50, oriundos del año 1989, que Cómics Fórum editó entre los episodios #37 al 43 de la colección ibérica.


Dato al margen (cosa de pobres): tuve que complementar el taco con números escaneados, ya que al tomo le falta el comienzo de la saga y estos son bastante difíciles (y caros de conseguir) en la actualidad. También he de comentar que la formación y primer volumen de Factor-X solo la conocía por leerla en especiales como "Días del futuro presente" (editado por Vid hace 30 años) y no he leído nada previo a estos episodios; pero como antes los cómics estaban realizados para que el lector pudiera engancharse desde cualquier punto de la colección, no existió ningún problema. Ahora sí, vamos a la saga en cuestión:


Factor-X está conformado por los X-Men originales: Cíclope, Iceman, Bestia, Ángel y Jean Grey. Estos dos últimos son los personajes más cambiados ya que, por un lado, el Ángel ahora es Arcángel tras un cambio generado por el villano Apocalipsis, y Jean Grey fue resucitada para esta colección y mantiene en el "bocho" parte de las experiencias y personalidades de Fénix y Madelyne Pryor. Ambos personajes son los más complejos y luchan contra su lado oscuro a cada momento. También está Christopher, hijo de Madelyne y Scott, que ahora Jean Grey lleva como propio (ah, esos novelones de los X-Men de antes, ¡qué lindo!). Para sumarle más locura al equipo, este tiene una nave gigantesca (que se planta como un edificio de forma vertical) que el equipo adoptó y tiene conciencia y personalidad; esta fortaleza voladora era del villano Apocalipsis, aparentemente.


La historia arranca con los Factor-X llevados involuntariamente al espacio profundo por medio de la nave, que responde a órdenes más allá de su programación al encuentro de una nave más grande aún comandada por Celestiales, que observan un planeta en conflicto donde inmediatamente el equipo es teletransportado. Así, los X-Men originales junto al hijo de Cíclope aparecen en medio de una guerra; un conflicto en el cual se ven obligados a luchar para sobrevivir sin entender de bandos y razones, hasta que el Celestial baja al planeta y termina el conflicto solo con su gigantesca presencia.


De ahí en más, Factor-X es separado sin saberlo en medio del tumulto: Iceman pierde la memoria de un golpe; Jean Grey queda como prisionera e inconsciente un par de episodios; Arcángel queda también prisionero para luchar en un coliseo, pero de otra facción; y Bestia se vuelve un forajido con una banda de rebeldes que lo adopta como si fuera uno de ellos. Cíclope, sin embargo, queda apartado de todo esto con otro grupo afuera de las ciudades en conflicto.


MUTANTES DISCRIMINANDO A MUTANTES.

A través de cada personaje y grupo vamos conociendo ese mundo donde Factor-X ha caído: un mundo similar a uno medieval pero con tecnología y gente con superpoderes y apariencia muy "Kirbyana" que está en guerra y es vigilado por los Celestiales. Esta raza tiene los siguientes bandos en conflicto:


  • "Los Elegidos": Mutantes físicamente perfectos (humanos) que están en la jerarquía de esa sociedad.
  • "Los Cambiantes": Mutantes físicamente perfectos pero que al usar sus poderes alteran su forma (como Iceman); están un escalón más abajo que los Elegidos y se ganan la vida luchando en un coliseo.
  • "Los Desechados": Mutantes poderosos pero físicamente no humanos que viven apartados sin tecnología.
  • "Los que Empiezan de Nuevo": Un grupo apartado del conflicto, onda monjes, que viven en la clandestinidad y aceptan gente de cualquier facción que no quiere luchar en esta guerra.


Mientras los Elegidos no pueden procrear pero usan tecnología para lograrlo, los Desechados siguen engendrando a la vieja escuela, aunque prácticamente es un milagro que nazca un bebé vivo. Así que, salvando las diferencias planetarias, Factor-X está en un mundo donde son todos mutantes e, inclusive entre hermanos, hay una guerra por diferencias; porque no importa el lugar del universo o la genética, está en la naturaleza del ser discriminar para que unos la pasen mejor que otros.


Así vemos a nuestros mutantes hacer alianzas, rebelarse contra lo establecido y encender la chispa del cambio en muchas conciencias solo con su presencia, además de combates y pseudorromances que comienzan a florecer entre algunos miembros de Factor-X y estos extraterrestres. Todo llega a su clímax con una guerra y enfrentamiento final entre todas las facciones, con los mutantes en el medio, mientras los Celestiales se reúnen para ver si dejan vivir a esta raza o la aniquilan por completo en un juicio final.


SE DESPERTO JEAN... ¿O ES MADELINE? ¿O FENIX?

Louise Simonson escribe una saga que deja mensaje, crea nuevos personajes y define a los viejos en este entorno que pareciera ser un vistazo al futuro donde ya no hay humanos y los mutantes dominaron el planeta. El apartado gráfico es genial: Paul Smith dibuja y narra como los dioses, realizando diferentes razas e indumentaria de todo un planeta (créanme que no hay un personaje igual a otro). Las tintas corren a cargo de Al Milgrom, que se ve que para el número 50 de la colección y final de la saga le puso mucho empeño para resaltar los dibujos de un agotado Smith.


Una aventura muy divertida que me enganchó de entrada, ya que los mutantes fuera de su entorno casi siempre son un buen pasar como lector. Ahora me voy a buscar los primeros números de la colección de Factor-X, ya que me quedé con más ganas de leer sobre estos hombres-X originales reunidos a mitad de la década de los 80.






Entre Diciembre de 2024 y Diciembre de 2025 se publicó la maxiserie de 12 entregas “Batman & Robin: Year One”, con argumento de Mark Wai...

Entre Diciembre de 2024 y Diciembre de 2025 se publicó la maxiserie de 12 entregas “Batman & Robin: Year One”, con argumento de Mark Waid & Chris Samnee, guion de Waid y dibujos de Samnee. Dick Grayson es el personaje que más historias “Year One” ha tenido (Robin Year One, Nightwing Year One, Teen Titans Year One y hasta Batman Year Three es un repaso al origen de Robin), pero siempre hay lugar para alguna más… Comentamos escuetamente esta obra en un video del canal dedicado a las historias “Year One” (Que puede usted encontrar por acá: https://www.youtube.com/watch?v=h5ckGKWsvcI&t=2s), pero queríamos explayarnos un poco más al respecto, por lo que pasamos al comentario escrito, advirtiendo que habrá spoilers, por lo que, si tiene intención de leer esta Historieta prontamente, absténgase de continuar hasta haberlo hecho…

 

La historia comienza con un Robin en funciones que está al cuidado de Bruce desde hace un mes. En esos 30 días ya le reveló su doble identidad al niño, lo entrenó, le tomó el juramento, le dio el disfraz y resolvieron el caso del asesinato de los Graysons Voladores. Nada de eso se ve en esta Historieta y, en cambio, arranca cuando el dúo dinámico es convocado por Gordon para resolver un caso. Es la primera vez que el Comisionado ve a Robin, y el hecho de que un vigilante esté acompañado de un menor de edad no le gusta demasiado… Pero traga saliva y sigue adelante. Resulta que Two-Face se robó un archivo del departamento de Policía, y a Batman le llama la atención que no haya robado dos archivos, o haya pedido dos millones de rescate, o esté amenazando a dos personas ni ninguna otra cosa dual, como acostumbra a hacer Dent con su accionar criminal. Gordon les dice que, en caso de recuperar el archivo, deben devolverlo sin leer su contenido… Batman sabe que algo le están ocultando, pero se pone manos a la obra. En paralelo, arriba a Gotham un capo mafia proveniente de Miami, donde maneja totalmente el crimen, con intenciones de adueñarse del bajo mundo de la ciudad. Va siempre acompañado de su padre, un hombre muy mayor, confinado a una silla de ruedas que no puede hablar ni solventarse por sus propios medios. Conocido únicamente como “El General”, tiene preparado un plan a dos frentes, primero enfrentar entre ellos a las distintas familias que ostentan el poder en Gotham, para debilitarlos y hacerse con los restos, mientras que por el otro chantajea a los multimillonarios de la ciudad para recaudar fondos. Hombre metódico, frio y calculador que tiene pormenorizado hasta el último detalle y empieza a conseguir réditos rápidamente.

Two-Face tenía data de que el General iba a desembarcar en Gotham y, consciente del poderío y despliegue del mafioso, busca congraciarse con él regalándole el archivo robado a la policía que contiene en su interior (Ya fue advertido anteriormente, y acá va otro aviso más, se viene un super spoiler) un dossier sobre los ciudadanos de Gotham que podrían ser Batman. Gracias a esto, comienzan a colaborar…




Mientras aprenden a trabajar juntos y al tiempo que están constantemente bajo observación de los servicios sociales que velan por la adaptación del joven Dick a su nueva vida, Batman & Robin interfieren en los planes del General, entorpeciéndole el camino, lo que hace que el mafioso lance su poderío a la caza de los ciudadanos que, según el dossier, podrían ser Batman.

La miniserie se extendió a lo largo de 12 entregas, por lo que el resumen precedente es del todo incompleto. La historia tiene más aristas, giros y un desarrollo con muy buen ritmo, pero que se toma su tiempo para contar cada situación. Waid se desentiende de todas las historias “Year One” precedentes, y solo se apoya en la original, esta Historieta se puede leer tranquilamente como continuación directa de “Batman: Year One”. Si bien el argumento no es muy original, el General debe ser el mafioso número 3000 en intentar adueñarse de Gotham, el fuerte de la obra de Waid y Samnee pasa por otro lado. Como nos tiene acostumbrados, Waid apuntala mucho el desarrollo de personajes y las relaciones que los vinculan y hay algunos aciertos que, si bien pueden haberse tratado anteriormente, se le dan mayor profundidad en esta oportunidad. El primero es el deseo de Bruce por adoptar legalmente a Dick, a diferencia de la “tutoría” de la que se solía hablar. Y no sólo eso, Bruce se esfuerza en mejorar y aprender a ser un buen padre para el muchacho, ayudándolo a atravesar el dolor por la perdida. Obviamente se ve reflejado en Dick y, tras encerrar a los culpables de la muerte de sus padres, intenta darle la ayuda que cree que él mismo hubiese necesitado a la edad de Dick. Pero falla, porque el joven es una persona completamente diferente, capaz de evolucionar rápido, superar la perdida y mirar con esperanzas al futuro, algo que Bruce, en su encarnación moderna, nunca consiguió. Ahí están los primeros chispazos entre ellos, cuando Bruce le brinda respuestas a preguntas que Dick nunca formuló. Por otra parte, y fiel a su tradición, Robin es un saltimbanqui, en constante movimiento, inquieto, en extremo proactivo y, por sobre todas las cosas, un artista circense. Si bien se toma con seriedad la tarea, no deja de lado su costado lúdico ni tampoco acepta seguir ciegamente a Batman. Siempre que sea necesario, tomará decisiones por sí mismo, aunque deba contradecir al murciélago. Decisiones que casi siempre son acertadas, por lo que también Bruce se ve en el desafío de confiar en la iniciativa del muchacho, porque esa es una de sus fortalezas y no puede coartarlo.




Como dijimos, otro de los aciertos de Waid es el genuino interés de Bruce por tener una adopción total y la constante presencia del servicio social, quienes les hacen visitas pautadas y otras sorpresivas, en las que constatan el bienestar de Dick. En este punto, le juega muy en contra a Bruce la fama de playboy que adoptó para encubrir su verdadero rol nocturno, al tiempo que Dick tampoco se comporta del todo bien ante la agente. 

Lo mejor de todo es la relación Bruce-Dick / Batman-Robin, la que los autores trabajan a fondo, como si de cuatro personajes distintos se tratara, porque lo problemas que tiene que resolver como vigilantes son completamente distintos a los que deben resolver como familia y, a pesar de que en algunos momentos se confunden, podrían leerse como dos historias distintas. Pero en estos 12 capítulos la relación entre ellos crece, evoluciona, se fortalece y termina siendo una máquina perfectamente aceitada, en la que cada uno de ellos termina convertido en algo mejor, gracias a los frutos que obtienen de su vínculo.

El expediente de la policía sobre la identidad de Batman es del todo lógico y además es una invitación a una futura historia sobre eso, en la que se explore las consecuencias en Batman o que la policía descubra la identidad u otras variantes posibles, pero es una historia que estoy dispuesto a leer.




A pesar de que, como decíamos, es trillada la historia del mafioso que viene a adueñarse de Gotham, Waid tiene la solvencia suficiente para hacerlo interesante, para agarrar un concepto muy visto y renovarlo complejizando un poco al personaje, al que le da una relación tortuosa con su padre postrado, a quien considera responsable de su pasado. Todo lo que hace, tiene como último objetivo probarse mejor que su progenitor y restregárselo en la cara, junto a otros padeceres por los que lo hace pasar.

Por si todo esto fuera poco, la historia tiene varios pasajes de alto impacto emocional, sobre todo hacia el final, que logran que bajo ningún punto de vista el lector quede indiferente…

Chris Samnee, además de ser co-argumentista, es el responsable del apartado gráfico y su trabajo es hermoso. Trazo simple, poco cargado, muy expresivo y elegante. Fluido para los movimientos, con muchísima claridad y un diseño de personajes que, lejos de buscar novedad, se apoya en los clásicos a lo que les da su impronta y obtiene excelentes resultados. Puestas vertiginosas, otras intimistas, escenas diurnas o nocturnas (Que son la mayoría), todo esta plasmado con el mismo nivel, con la misma maestría. De escenas cargadas de violencia, a otras llenas de tensión, a momentos más relajados y hasta divertidos, con fondos muy trabajados para completar la escena, a viñetas prácticamente vacías para transmitir algo, no para trabajar menos sino para contar con el espacio… Me quedo con ganas de ver más de este historietista.

 

La presente edición es el tomo recopilatorio publicado por DC en Diciembre pasado y se complementa con muchas portadas alternativas y algunas páginas plagadas de bocetos. Ovni Press anunció que lo publicará este año por lo que recomiendo a viva voz esta Historieta que disfruté mucho!!! To the batmovil!!!

 

 


 

“Ahora sé que hay gente dañina allá afuera, tan mala como fue el jefe Zucco, y están en todas partes. Locos retorcidos que traen pérdida y dolor a personas que no se lo merecen… Ellos no se lo merecían… Y juro por Dios que voy a impedir que lastimen familias y niños y a cualquiera! Podés despedirme, pero no detenerme. Nadie puede!”


Tras las “Crisis en Tierras Infinitas”, cuando el renacido Universo DC aún estaba en pañales, asistimos asombrados al recuento del origen de...

Tras las “Crisis en Tierras Infinitas”, cuando el renacido Universo DC aún estaba en pañales, asistimos asombrados al recuento del origen de Batman, en la célebre “Batman: Year One”, publicada en 1987 (Y comentada hace un tiempo por acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid0qPsNXbWzx5EsApAqphPYEhoSRNqc92mZ28knB98gVdMPhn8Q7mEs87Ldn5jxfgkfl). En esta Historieta, tiene breves apariciones Selina Kyle, gracias a las cuales conocemos un poco de su vida y su decisión de asumir la identidad de Catwoman. Pero si bien estas apariciones son funcionales a la historia y refuerzan el impacto que ocasiona el debut de Batman, resultan insuficientes para conocer a fondo a Selina. Es por eso por lo que, dos años después de la publicación del origen de Batman, sale a la luz una miniserie de cuatro partes llamada “Catwoman”, que terminaría siendo el primer volumen de la famosa criminal, con guion de Mindy Newell, dibujos de J.J. Birch (Pseudónimo de Joe Brozowski) y tintas de Michael Bair. Acabamos de releerlo y pasamos al comentario de rigor…

 

La historia se entrelaza con “Año Uno” centrándose en Selina y expandiendo su historia hacia adelante y atrás. Comienza con la joven protagonista tirada en el suelo de un callejón, luego de sufrir una violación seguida de violenta golpiza por parte de Stan, el proxeneta que conocimos en la obra de Miller y Mazzucchelli. La encuentran unas monjas de la iglesia que daba al callejón y llaman una ambulancia.




Estando internada y nuevamente consciente, con apenas 17 años Selina recibe la visita del detective George Flannery, quien le aconseja que denuncie a su atacante, pero la joven, temiendo las represalias que eso le ocasionaría, rechaza la oferta. El detective le ofrece un número de teléfono y le recomienda que se ponga en contacto con una persona que puede enseñarle a defenderse. Esa persona es Ted Grant, más conocido como Wildcat, que ya retirado de la actividad superheroica acepta a Selina como alumna y comienza a entrenarla.

Una vez repuesta, Selina vuelve con Stan, a trabajar para él y ser una de sus “chicas”. Stan le da un disfraz de cuero con máscara de gato a pedido de un cliente que debe atender esta noche, encargo que, a pesar de no estar repuesta del todo, termina aceptando.

En una de sus jornadas laborales, escucha tumulto en la calle y se asoma por la ventana para ver a Bruce Wayne disfrazado de veterano de guerra, haciendo frente a Stan y golpeando a Holly en el proceso. Al poco tiempo empiezan a correr rumores de un hombre murciélago que ataca el hampa, lo que eventualmente desemboca en la escena en el edificio abandonado donde la policía acorrala a Batman. Selina y Holly van al lugar para verlo y la muchacha queda impactada por el accionar del justiciero. Tal como se ve en “Año Uno”, enfrenta a Stan, renuncia y se lleva a Molly con ella.




Mientras tanto, una de las monjas, la más joven de ellas, empieza a averiguar por Selina con el detective, confesando que se trata de su hermana. Ante la negativa de ayuda por parte del policía, la Hermana Magdalena empieza a recorrer los barrios bajos en busca de Selina.

Stan no se queda en el molde tras la paliza recibida, por lo que Selina lo engaña para encontrarse con él en el callejón donde la golpeó. Se calza el traje de cuero con máscara felina y lo vuelve a surtir.

Finalmente, Magdalena encuentra a Selina y tienen una incómoda charla que termina con Catwoman recomendándole que deje de buscarla, que nada bueno puede encontrar en ella. Por desgracia, Stan se entera de la relación entre las mujeres y secuestra a la monja para vengarse de Selina.

Selina se diseña el traje definitivo de Catwoman y empieza a cometer crímenes buscando hacerse un nombre, tal como se vio en “Año Uno”, teniendo aquel recordado y fugaz encuentro con Batman en casa de Falcone.




Otra hermana de la misma iglesia toma contacto con el detective para denunciar la desaparición de Magdalena, información que llega tanto a los oídos de Catwoman como de Batman.

Cada uno de ellos por su lado intentarán dar con Magdalena para salvar su vida y terminar con las amenazas de Stan, al tiempo que empieza a nacer una tensión sexual entre ambos.

 

En muchas oportunidades he expresado mi fascinación por “Año Uno”, Historieta que es una verdadera Obra Maestra del medio. Sin embargo, lo único que siempre me hizo ruido fue la versión de Selina como prostituta. Hay algunas situaciones que Miller repite en sus obras constantemente, la prostitución y la presencia de niños es algo recurrente en su trabajo, y acá me resultó algo forzado o innecesario. Esta miniserie de Catwoman la da otro trasfondo a esa condición, la completa y muestra en parte la situación a la que la protagonista queda expuesta.

No hay demasiada información sobre la familia de Selina, solo se sabe que ambas hermanas fueron abandonadas por su madre y criadas por su padre, sin mayor detalle. Lo cierto es que, a muy corta edad, deben dejar el hogar y tomar el timón de sus vidas. Magdalena se vuelca a la religión convirtiéndose en monja, mientras que Selina cae en una red de trata de personas, es manipulada, maltratada y abusada por Stan, quien la fuerza a prostituirse, convenciéndola de que la quiere y que hace lo mejor para ella. Newell le da visibilidad a la vulnerabilidad por la que quedan expuestas muchas mujeres y niñas, quienes terminan cayendo en estas redes. Por otra parte, también invita a pensar como dos mujeres, con crianza y orígenes similares, toman caminos tan opuestos, enredando la personalidad, las creencias y los sentimientos de cada una de ellas con el devenir de su situación. Sin embargo, no se va a fondo con ninguna de estas situaciones, las que se podrían haber explotado mucho más. Es probable que no le haya interesado profundizar a la guionista o bien, debió tener en cuenta que es una historia de superhéroes, metida en el universo de Batman y con un público muy específico como objetivo, por lo que tuvo que balancear los ingredientes.




El resto de la historia, como decíamos, se entrelaza con Año Uno, repitiendo las mismas escenas en que aparece Selina, pero vistas ahora desde el punto de vista de Catwoman, y expandiéndolas. La narración es muy fragmentada por momentos, con escenas que duran una sola viñeta y saltan a otra situación y de ahí a otra más, lo que se repite en varias oportunidades. Se entiende perfecto y se sigue el hilo de la historia, pero me resulta algo anticlimático ese salto vertiginoso de un lado a otro.

Newell había escrito a Catwoman anteriormente, en un serial publicado en la “Action Comics Weekly”, en la que fue acompañada por Barry Kiston. Pero el buen Barry estaba a cargo de L.E.G.I.O.N. ´89 a esta altura, por lo que la parte gráfica cae en manos del mencionado J.J. Birch. Trabajo correcto, no muy lúcido, en el que se esfuerza por replicar la atmósfera conseguida por Mazzucchelli en Año Uno, y en replicar con fidelidad las escenas que se repiten. El clima y los escenarios están bastante logrados, pero la narrativa es algo tosca y las expresiones, tanto gestuales como corporales, un poco confusas.

No fue una Historieta que haya quedado marcada a fuego en la leyenda de Catwoman, se ha recopilado en pocas oportunidades y fue cayendo en el olvido. Parte del origen de Selina fue borrado de un plumazo con “Zero Hour”, lo que desfasó aún más esta miniserie, pero es un buen complemento para Año Uno, a pesar de no estar a la misma altura.

Leímos la edición que hiciera Ediciones Zinco, en los números 10 y 11 de su cabecera “Universo DC”, pero recientemente fue rescatada en la primera entrega de la colección “DC Finest” dedicada a Catwoman.

 


 

 

“Yo no lo soporto. Pero ella sí. Catwoman… Lo soporta todo. Todo lo malo que le echa la vida, ella lo devuelve… y ni se inmuta… Nada le hace daño… Como si estuviese muerta...”


Entre finales de los 80´s y comienzos de los 90´s, la recordada y añorada Ediciones de la Urraca publicó una colección de álbumes llamados “...

Entre finales de los 80´s y comienzos de los 90´s, la recordada y añorada Ediciones de la Urraca publicó una colección de álbumes llamados “Suplemento de Humor”, que se extendió por 10 entregas donde incluyeron Historietas nacionales (“Los Alfonsín”, “Las puertitas del Sr. López”, “El Dr. Piccafeces” y “El último recreo”) intercaladas con obras de Milo Manara (“El Rey Mono”, “La cámara indiscreta” y “Cuentos fantásticos”). De estos famosos “Cuentos fantásticos” publicaron 3 tomos, los que fuimos consiguiendo y comentando de forma salteada. Sobre el primero de ellos hablamos hace bastante tiempo en uno de los Podcasts de “Lecturas recomendadas” que grabamos con los amigos de Archivo de Cómics (Y que pueden encontrar por acá: https://archivo-de-comix.blogspot.com/2020/08/podcast-40.html), y sobre el segundo nos explayamos en uno de los videos de “Lecturas en Video” que subimos al canal (el que se encuentra aquí: https://www.youtube.com/watch?v=IDCtWn8JKFA). Ahora hemos leído la tercera y última de las entregas y pasamos al comentario de rigor de la forma más escueta que nos sea posible.

 


A diferencia de los tomos anteriores, esta entrega tiene apenas cuatro cuentos, porque uno de ellos es bastante extenso. Arranca con dos nuevas entregas de “Miel”, los capítulos 4 y 5 (Los primeros 3 están en los volúmenes previos), en los que tenemos nuevas aventuras del equipo de televisión que suele utilizar a la bella “Miel” como carnada de audiencia. En el primero el camarógrafo habla con una hermosa mujer en una estación de tren, la que de pronto es abordada y arrastrada por el marido. Preocupado por su seguridad, el camarógrafo los sigue hasta su casa para presenciar un acto de masoquismo, aparentemente, consensuado. En el siguiente capítulo, Miel se infiltra en el concurso de Miss Europa 91 para develar lo que sucede tras bambalinas, donde atestigua como engañan a una joven con promesas falsas, la que, tras la decepción, termina atentando contra su propia vida.

Después sigue “Dedicado a Corto Maltés”, una Historieta de apenas tres páginas, en la que todos los personajes que aparecieron en las aventuras del Corto están a la espera de que este los vuelva a convocar a la aventura. Rasputín se niega a esperar, y su orgullo le dicta que el marino lo buscará a él sin tener que perder tiempo en la espera…



Finalmente, las últimas 48 páginas del álbum se las lleva “El abominable hombre de las nieves”. A comienzos de la década del 20, una expedición a la cima del Everest es abortada cuando los sherpas se niegan a continuar después de ver en la lejanía una figura que aseguran se trata del hombre de las nieves. Le información llega hasta Kenneth Tobey, reportero del Daily Telegraph, quien escribe un artículo que causa sensación entre los lectores. Para poder seguir facturando con el eslabón perdido, el periódico ofrece a Tobey la posibilidad de realizar una expedición al Himalaya en busca de confirmación. El periodista, que se había obsesionado con la posibilidad de que tal criatura efectivamente existiese, acepta la propuesta.

En plena ascensión son embestidos por un alud y Tobey, que sobrevive a duras penas, es abordado por varios hombres de las nieves. Cuando recupera la conciencia, se encuentra en un templo al cuidado de los monjes que lo habitan. Conforme pasan los días, el periodista nota comportamientos y rituales extraños entre los monjes, al tiempo que él mismo tiene experiencias inexplicables. De a poco, los monjes le irán revelando la verdad sobre su función en el mundo y sobre los increíbles hombres de las nieves…



 

Siempre que hablamos de Manara repetimos lo mismo, tiene un talento inusitado para retratar la belleza y la gracia de la figura femenina, pero eso es solo la punta del iceberg. Es un historietista sorprendente y versátil, sobre todo en la época en que se produjeron estas Historietas. Todas las páginas tienen mucho trabajo encima, las puestas y la disposición de las viñetas son distintas y efectivas, puede retratar con la misma solvencia una charla, una danza o un alud en medio de una montaña. Los agentes climáticos, protagonistas excluyentes de la última historia, son retratados con una crudeza tal que congela hasta al lector. Y la cantidad de detalles que le pone a todo el trabajo es increíble, desde relieves, sombras, ornamentaciones, diseños, todo tiene mucha dedicación y hacen que el resultado sea insuperable. Gran trabajo de Manara del que vamos a leer alguna otra cosa antes que después, porque siempre es gratificante.

 


 “He aprendido una cosa. Que muchas veces nos dejamos engañar por un acontecimiento sencillo, pero clamoroso, y no indagamos en sus causas profundas.”


Me dispuse a leer este cómic con la idea de encontrar la típica y divertida aventura de Team-Up donde los héroes se enfrentan para luego uni...

Me dispuse a leer este cómic con la idea de encontrar la típica y divertida aventura de Team-Up donde los héroes se enfrentan para luego unir fuerzas contra un enemigo en común, y me encontré con una historia sórdida, compleja, áspera y bastante depre que me tomó por sorpresa; me gustó justamente por ser lo que no esperaba.


En realidad, estamos ante un clásico de los 80 que recién estoy leyendo ahora, pero eso es lo lindo que tienen los cómics autoconclusivos: los podés disfrutar cuando estaba la tinta fresca en el kiosco o ya cuando tienen las grampitas oxidadas y las páginas amarillas.


En un One-Shot de 1987, en el contexto de la todavía vigente Guerra Fría, encontramos a Wolverine dándole pelea a comunistas y defendiendo a una amiga y agente libre apodada "Charlie", que desaparece sin dejar rastro y comienza en Nueva York a asesinar a ex empleadores y agentes rusos encubiertos. Spider-Man, sin saber mucho en qué se está metiendo, llega tarde y no puede evitar los asesinatos ni encontrar al asesino. Para colmo, la vida de Peter Parker va para atrás: está cansado y deseoso de colgar el traje que, dicho sea de paso, es el negro, pero de tela. Siguiendo con el asunto de los asesinatos en Nueva York, viaja persiguiendo a Charlie junto al periodista Ned Leeds del Bugle a Alemania. Va como fotorreportero para intentar profesionalizar un poco su carrera de fotógrafo, dejando su traje arácnido en Nueva York.




Resulta que "Charlie" en realidad era Charlemagne, una bella espía y asesina que tenía una relación con Logan (¿Qué tendrá ese petiso...?), y este olfatea a Peter y descubre su doble identidad como trepamuros, forzándolo a salir en calzones con lanzarredes por los techos de Alemania. Esto obliga a Peter a buscar un disfraz, encontrando en una casa de cotillón y sastrería un traje rojo y azul clásico listo para poder llevar a la acción.


Pero para sumarle un trauma más al amigo Parker, este encuentra a Ned Leeds asesinado en el hotel con el cuello cortado. Así, un secundario de muchos años de la colección arácnida muere y, para peor, "fuera de plano": ni siquiera nos dejan ver cuándo lo matan.


Mientras Wolverine hace lo posible por proteger a su amigovia asesina de comunistas y otros partidos políticos, Spider-Man, ya algo loquito por la muerte de Ned, parece no pegar una buena. Cuando se cruza con Logan es para meter la pata y, para agrandar más el combo de los traumas arácnidos, accidentalmente mata a Charlemagne de una piña pensando que era Logan el que venía detrás de él. ¡Todo mal!



A este cómic lo escribió Christopher Priest (que en ese entonces firmaba como James C. Owsley) y no sé si por encargo editorial se mandó esta historieta donde Spider-Man sobra, está de más; es claramente una historia de Wolverine, de espionaje y tiros, con no solo un Spider-Man que está fuera de su entorno, sino con un Spider-Man que claramente no debería estar ahí. Sé que hay historias de los 80 algo turbias donde a Spider-Man lo terminan hundiendo en la mierda —historias oscuras como "La última cacería de Kraven" y otras de mediados de los 80— donde el personaje pierde, como los colores de su traje, un poco la alegría y personalidad característica de antaño; algo así como un "madurar" que a mí nunca me gustó del todo para un personaje como él.


En este poco común crossover no solo matan bajo su vigilancia a un personaje como Ned Leeds, sino que el mismo Spider-Man se vuelve un involuntario asesino en un punto de inflexión en su vida personal. Sin embargo, para Wolverine este evento extraordinario es un día como cualquier otro, como si sus aventuras con los X-Men fueran vacaciones en comparación con las aventuras poco glamorosas de la Guerra Fría que lo emparentan más con un "James Bond" que con un superhéroe de Marvel.


En cuanto a los dibujos, tenemos a Mark Bright, que se mueve muy bien entre los mundos y poses de los cómics de superhéroes y las historias de acción.


En fin, una historia de Wolverine con Spider-Man que me resultó tan "rara" e incómoda como atractiva. Una lectura de esos cómics de Marvel de los 80 que se ponían un poco "Dark and Gritty" y donde sus personajes sufrían las consecuencias de eso.








Hacía mucho que no me cruzaba con uno de esos cómics de 24 páginas que cuentan una historia entretenida y algo jugada. Llegué al número Dare...

Hacía mucho que no me cruzaba con uno de esos cómics de 24 páginas que cuentan una historia entretenida y algo jugada. Llegué al número Daredevil #283 (26 de Forum) porque vi unas viñetas del Capitán América protestando por la invasión de EE. UU. a Panamá, justo cuando el Gobierno se metió hace poco en Venezuela para capturar a Maduro. Buscando ese cómic en cuestión, llegué a dicho número de Daredevil escrito por Ann Nocenti y dibujado por Mark Bagley; un número de relleno con Steve Rogers de invitado y una fuerte denuncia política que no suele leerse en historietas de este estilo.


La historia es bastante boba: un inmigrante tiene la habilidad de soñar cosas que puede construir por la mañana de forma inmediata, sin dejar planos ni evidencias, y construye un auto volador que usa basura para impulsarse. Pero esto pone en jaque a la industria automotriz y de combustible, así que es tratado de mentiroso por los medios; le cae inmigración, patoteros y demás desgracias al pobre hombre para que el prototipo de este auto volador no salga y haga sombra a la industria.



Daredevil y el Capi están ahí para apoyarlo y defenderlo; la interacción y los pensamientos de estos sobre el rumbo que está tomando su país es el punto fuerte del cómic.


Con una resolución casi poética, esta historieta publicada en 1990 tiene unos hermosos dibujos de Bagley y una fuerte denuncia de Nocenti para con las políticas de su país. Un cómic que no deja de ser una curiosidad muy vigente a la realidad que hoy vivimos en el 2026.







Estamos a finales de 1987 y las colecciones de superhéroes están convulsionadas: los personajes mueren, se reinician o abandonan la capucha ...

Estamos a finales de 1987 y las colecciones de superhéroes están convulsionadas: los personajes mueren, se reinician o abandonan la capucha para que surja un sustituto que refresque un poco la cabecera. Capitán América no va a ser la excepción y John Walker llegará con la identidad del "Superpatriota" para ser un héroe más violento y "políticamente correcto" para el gobierno, mientras Steve Rogers debe abandonar su identidad al chocar sus ideales con una política que ya no acompaña su sentir.


Como soy lector marvelita de los 90, conocí a John Walker con el alias de USAgent cuando tenía el escudo de fotones y estaba con la "Fuerza de Choque" (Force Works) de Iron Man. No obstante, con el tiempo fui leyendo cosas anteriores que me habían gustado del personaje: algo en la colección de Marvel Two-in-One de Forum y en los Nuevos Vengadores de la etapa de Byrne; sin embargo, tenía pendientes esos episodios donde realmente sustituyó al Capitán América.


Para ello, me fui al número 70 de la colección Marvel Two-in-One: Capitán América & Thor e, ignorando los episodios del Dios del Trueno, me senté a leer estas primeras entregas. Esta será una serie de informes por tandas, poniendo la numeración USA como referencia.


Steve Rogers es interpelado por un Comité de Actividades Superhumanas tras plantearle que él, como supersoldado, debería seguir siendo un agente del gobierno de los Estados Unidos. Nada de jugar al superhéroe solitario usando ese escudo y nombre que son propiedad del Estado. El ultimátum es simple: o sigue las reglas impuestas por el comité o se olvida de ser el Capitán América para siempre.


Mientras Steve está pensativo, intentando resolver su situación en el obelisco de Washington, un "loquito" se trepa e instala en la cima con una presunta bomba atómica. John Walker y su agente de prensa ven esto como una oportunidad para introducir al Superpatriota, un nuevo héroe que buscaba una ocasión así para lucirse ante las cámaras y ganar popularidad; fama que consigue tras trepar el monumento y detener al agresor, quien sí tenía una bomba atómica robada de I.M.A.


Finalmente, ignorando lo acontecido en Washington y después de hablar con unos colegas y meditarlo mucho, Steve Rogers entrega su traje y escudo al comité, renunciando así a la identidad del Capitán América. Sorprendido, el comité no pensaba sustituirlo, pero ve en el joven Superpatriota una posibilidad para continuar el legado del Capi y, por supuesto, poder utilizarlo para fines políticos.


Pedazo de página y de cliffhanger... y ¡tenías que esperar dos meses!

Aquí es el punto de partida donde la colección comienza a desarrollarse con dos tramas en paralelo: por un lado, tenemos a John Walker como nuevo héroe americano y, por otro, a un deprimido Steve Rogers que tomará la identidad de "El Capitán" (ya que no puede usar ni los colores ni el nombre de la marca).


John Walker es llamado para sustituir a Steve, así que debe renunciar a ser el Superpatriota pese a dejar a su mánager y amigos colgados. De entrada, lo ponen a entrenar con Pyro, Blob y Avalancha, tres ex "Mutantes Diabólicos" que, al estilo del Escuadrón Suicida de DC, ahora trabajan para el gobierno.


Walker, pese a ser un hombre superentrenado, no está capacitado para luchar contra gente con superpoderes, ya que —salvo su escudo y el traje de kevlar— no tiene el suero del supersoldado en sus venas, aunque si recibió un tratamiento de aumento de fuerza. Así que pasa meses repasando videos del Capi original, estudiando su forma de luchar, cómo habla y cómo se mueve, ya que el resto del mundo no debe saber que ha sido reemplazado.


Por suerte, Walker no está solo. El comité pone a su lado, como nuevo Bucky, a Lemar, un compañero de Walker también megaatleta y afroamericano. Lemar está lejos de ser un compañero juvenil; son, prácticamente, dos fisicoculturistas. En el arte de lanzar el escudo, el comité llama a "El Supervisor" (así llamaban a Taskmaster en las ediciones de Forum), quien, con su memoria fotográfica para replicar habilidades, termina siendo un buen maestro a falta de Steve Rogers.


El Capitán América y Bucky... juntos de nuevo y por primera vez.

Con su entrenamiento casi finalizado, Walker y Lemar tienen su primera misión: infiltrarse y desbaratar un grupo de ultraderecha que vela por los "intereses sanos" de América quemando libros y combatiendo el libertinaje. John Walker comienza a ver que seguir las reglas del comité lo llevará a chocar constantemente con límites morales. Aunque no está en desacuerdo con las ideas patrióticas, debe sobrellevar el dejar a su suerte a su compañero en pos de la misión y traicionar a su exmánager ante el chantaje de filtrar que él es el "nuevo" Capitán América.



¿Pero qué pasó con Steve Rogers? Bueno, le pegó la depresión y se fue en su camioneta (al estilo del Capi de los telefilmes de los 70) a recorrer Norteamérica. Con barba y pelo largo, se enfrenta a un tipo con poderes sobre la naturaleza en una historia de índole ecológica. Mientras tanto, el Hombre Demolición (un millonario y exluchador de catch llamado Hombre-D) convoca a Nómada y a Falcon para localizarlo. Lo logran justo a tiempo para detener a miembros de la Sociedad Serpiente que intentaban robar un banco con toma de rehenes.


Sin darse cuenta, Steve va formando un nuevo equipo de luchadores de la libertad y empieza a manejarlo como si fueran sus propios Vengadores. La portada del número 337 resulta una verdadera declaración de principios. Junto al Hombre-D (que financia las operaciones), un siempre enojado Nómada y el fiel Falcon, liberan a los rehenes mientras Steve asume la identidad de "El Capitán" a secas. Comienza a ver que existe la posibilidad de una vida más allá de las barras y estrellas, a pesar de lo complicado que será empezar de cero sin su reputación ni su credencial de Vengador.


Interesantes episodios con los cuales me envicié. Mark Gruenwald sabe manejar a los personajes tras años en la colección, y los dibujos de Tom Morgan cumplen con un aire "kirbiano" en las composiciones de página que resultan muy divertidas de leer. 


Dejamos por acá este primer repaso de este "nuevo" Capitán América de finales de los 80 mientras por el momento me voy a otras lecturas que seguramente ya podrán leer por este blog.