Nos dimos un tremendo festín visual gracias a la magia del inolvidable Maestro Juan Giménez dando vida a los guiones de otro Maestro, Ricard...

Atracción fatal: “La Estrella negra”

Nos dimos un tremendo festín visual gracias a la magia del inolvidable Maestro Juan Giménez dando vida a los guiones de otro Maestro, Ricardo “el loco” Barreriro, porque leímos “La estrella negra”. Publicada originalmente para el mercado francés en 1980, esta Historieta tuvo su edición nacional de la mano de Doedytores allá por Abril de 1993. Como es costumbre, pasamos al comentario de rigor.

 

Después de encontrar suficiente Osmoviun en un asteroide como para volverse millonario, un astrominero llamado Braxtor es atraído por la gravedad de una estrella negra y, debido al enorme peso que transportaba, no pudo liberarse de la atracción. Apenas consigue manipular el carguero espacial para no ser aplastado por la presión y aterrizar sobre un planeta en el interior del agujero negro, donde encuentra un cementerio de cientos de cosmonaves estrelladas. Ocasionalmente, caía sobre el planeta una tormenta radioactiva que convertía en zombis a los cadáveres de las distintas tripulaciones, pero estas tormentas eran breves y, una vez terminadas, los cuerpos volvían a la inactividad. Por no contar con la protección adecuada, la radioactividad afecta a Braxtor, quien de todos modos consigue escapar dejando su carga atrás.




La historia arranca cuando Braxtor comienza a reclutar una tripulación que lo acompañe de nuevo al interior de la estrella para robar la avanzada tecnología de las naves que vio allí. Para la misión necesita a un especialista en supervivencia, un androide de combate y un piloto experimentado. Después de analizar varios candidatos en un cerebro electrónico, el primer puesto es ofrecido al joven Speed, un muchacho que sobrevivía cometiendo hurtos. Este propone a Vran, un androide fallido y con conciencia, pero muy efectivo con quien ya había trabajado anteriormente. Por último, van en busca del mejor piloto del planeta, pero su avanzada edad lo forzó al retiro. Sin embargo, este propone para la misión a su hija Nadia, que fue entrenada por él mismo. A pesar de las reticencias de Speed, la joven se une a la misión y parten rumbo a la estrella negra. En el espacio durante el viaje, sortean diversos peligros y el más difícil es enfrentar a los Akaj, una secta de monjes guerreros que buscan la destrucción total de todo ser vivo. Luego, en el interior de la estrella, deberán enfrentar a los zombis, sobrevivir a la radiación y descubrir el verdadero objetivo de Braxtor…

 


La Historia se extiende por casi 50 páginas en las que Barreiro delinea una historia simple, directa, con personajes un poco genéricos, pero que es entretenida de comienzo a fin. Le faltan esas dobles lecturas que solía meter y las analogías con que pobló su obra, pero, en cambio, se concentra en contar un relato sólido, con su cosmogonía y jerarquía espacial. Si no fuera por algún que otro detalle menor, esta bien podría ser una historia que transcurre en el mismo universo que Slot-Barr (Obra realizada en conjunto con Solano López y que comentamos hace un tiempo en video: https://www.youtube.com/watch?v=C0cUXSTfGh4&t=2148s), porque acá también se habla de un imperio galáctico e incluye algunas páginas donde explica el funcionamiento de las naves y los fenómenos cósmicos como hiciera con Slot. No soy muy conocedor de la astrofísica, pero muchas de las situaciones que propone tienen su asidero en distintas teorías muy bien aplicadas. Se trasluce en estas páginas el encanto que le causó la película Star Wars, porque tiene algunas cosas muy inspiradas en la peli de Lucas y hay una escena de batalla en el espacio que es prácticamente igual a otra que se da con el Halcón Milenario contra los Tie-Fighters.

Pero en esta oportunidad el mayor atractivo radica en el despliegue de Giménez, que era un dotado para las máquinas, las construcciones o las naves, otorgando una funcionalidad plausible a todo y con mucho esmero en los detalles. La ciencia ficción le quedaba como anillo al dedo y todo lo que pone en página, los mundos, personajes, razas alienígenas, ciudades, vehículos o chatarra, pareciera tener vida, peso y antigüedad. Es un universo al que se lo nota el uso que tuvo, que fue gastado y manipulado. Todo esto acompañado con una narrativa impecable, puestas en páginas perfectas y secuencias de acción del todo emocionantes.

 


La presente edición se complementa con cinco relatos breves que Giménez realizó para una publicación del ayuntamiento de Madrid, mas un sexto publicado originalmente en la primera entrega de la revista Cóctel. Historietas de dos páginas de temática variada, en las que el autor deja evidencia de la sorprendente versatilidad de la que era poseedor.

 

 


 

“¡Miren! ¡Ahí se ve el vértice! ¡La entrada a un mundo imposible!”


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