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No hace mucho hablamos del Maestro Broccoli en relación a los libros de divulgación que escribió junto a Carlos Trillo (Y que dejamos por ac...

No hace mucho hablamos del Maestro Broccoli en relación a los libros de divulgación que escribió junto a Carlos Trillo (Y que dejamos por acá: https://historias-en-vinetas.blogspot.com/2024/10/clase-de-historia-el-humor-grafico-las.html), y ahora volvemos a él porque recientemente conseguimos un tomito que recopila las páginas de “Juan y el Preguntón” publicadas durante la década del 70 en  la revista “7 días Ilustrados” (Un semanario de actualidad, algo amarillista que se publicó hasta comienzos de los 90´s). Para la relevancia que tuvo entre la segunda mitad de los 60´s y hasta bien entrados los 80´s, es increíble que no haya recopilaciones recientes del material producido por Broccoli. Este libro fue publicado por “Ediciones del pájaro y el Cañón” en 1978, y forma parte de su “Colección de Humor” donde, además de los personajes de Broccoli (El mago Fafa y Juan y el Preguntón), publicaban el “Clemente” del Negro Caloi. Es decir, tuvimos que hacer “arqueología” para llegar al material de un autor tan importante, cuyo material debería ser más accesible para las nuevas generaciones y que, lamentablemente, no es con el único que se da esta situación. Pero dejamos las lamentaciones de lado para dar paso al comentario de rigor…

El Preguntón es un hombre trabajador que todo el tiempo está sentado en una silla, escribiendo sobre una mesa con pluma en mano. En la página, casi siempre está ubicado sobre el margen izquierdo y por la derecha entra Juan, un personaje narigón que en varias oportunidades da indicios de ser una suerte de jefe del Preguntón. Constantemente ocupado en su rutina laboral, el Preguntón es interrumpido por Juan que se presenta siempre con situaciones o acciones desopilantes y descabelladas, puede entrar bailando un malambo, conduciendo un auto, vestido de superhéroe, con algún invitado o respondiendo a algún recado solicitado por el Preguntón. Otras veces solo se encuentran para charlar, resolver problemas puntuales que se le presentan a uno de los dos, desafiarse con algún juego, o celebrar o evaluar algún evento puntual. Casi siempre la interacción se da entre ellos dos, aunque algunas veces puede aparecer algún tercero de única aparición, sin embargo, hay otros dos personajes que, al menos en las páginas recopiladas en este libro, aparecen varias veces. La primera es una secretaria que asiste durante una breve temporada al Preguntón, de la que Juan se enamora perdidamente, y la otra es Blerka, una suerte de serpiente descomunal, mascota de Juan, que siente un profundo afecto por el Preguntón, que es recíproco.




Las páginas recopiladas en este tomo son de un período en que la tira había conseguido un espacio mayor en la revista, con este formato casi cuadrado se distribuían generalmente en 12 viñetas (Cuatro tiras de tres viñetas cada una), aunque si estar separadas por líneas. Esta presentación Broccoli la flexibilizaba de acuerdo con el chiste en cuestión reduciendo la cantidad de estas o agregando una tira más. Al humor accedía de las más diversas formas, además de las situaciones introducidas por Juan, también lo generaba con diálogos, las reacciones inesperadas del Preguntón, o como escapaba de los planteos introducidos por Juan, las variaciones en la relación entre ambos, la cultura general, el absurdo y el humor físico, jugando mucho con la fisonomía de ambos, pero principalmente con la nariz de Juan, la que prácticamente tiene vida propia. Si bien algunas de estas Historietas terminan con un remate humorístico, la mayoría de ellas tienen el humor esparcido a lo largo de la página para terminar con una reflexión cómica o absurda. Al publicarse en una revista de actualidad, algunas noticias del momento se filtran en las Historietas y esas son las que no envejecieron del todo bien, pero son las menos y la gran mayoría aún se disfrutan, aunque es necesario hacer algún ejercicio de contextualización por parte del lector.




El dibujo, si bien es simple en apariencia, demuestra la habilidad de Broccoli para conseguir una amplia variedad de emociones y gestualidad desde personajes con diseños sencillos. Sin embargo, hay un gran despliegue en algunas páginas en las que introduce otros elementos a los ilustra con más detalles (Como una diligencia del lejano oeste, instrumentos musicales o una moto de carrera), y en la narrativa, donde las locuras de Juan dan lugar a bailes, patinajes, corridas, saltos y demás situaciones físicas que multiplican la presencia del personaje por toda la página, pero siempre con una notable e inequívoca claridad.

 

Obviamente este libro lo conseguí de segunda mano y está en un estado deplorable. Últimamente se están rescatando varias obras como “Don Pascual” de Roberto Battaglia, “El conventillo de Don Nicola” de Héctor Torino o “Los enigmas de PAMI” de Trillo y Breccia, así que no perdemos las esperanzas de que se recuperen obras de Broccoli, Ferro o Copi entre otros tantos…

 

 


 

“Llegaron varias cartas pidiendo que aclaremos nuestras identidades je… Je… Parece que algunos nos confunden todavía… Y no saben quién es Juan y quién el Preguntón…” 

Hace un tiempo grabamos un podcast dedicado a Carlos Trillo, en el que mencionábamos brevemente sus intentos de divulgar e historiar la Hist...

Hace un tiempo grabamos un podcast dedicado a Carlos Trillo, en el que mencionábamos brevemente sus intentos de divulgar e historiar la Historieta nacional (Lo dejamos por acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid02qw3mi4AAqfwZyDHxGjqkC7J9uSe5eze4NdPLCwk3wpx4H9ei5G6Emvho5GKsjrFnl)), entre los cuales se encontraban dos libros escritos en coautoría con Alberto Broccoli, otro prócer de la Historieta local, para la colección “La Historia popular” publicada por el Centro Editor de América Latina. Esta colección se extendió por 100 entregas dedicas a los más variados temas relacionados con nuestra historia, figuras destacadas, costumbres, leyendas, lugares, períodos políticos, hechos históricos, música y varios tópicos más. Recientemente conseguimos los dos libros de Trillo y Broccoli, que funcionan bien como complemento del otro libro que leímos y comentamos hace poco, “La Historieta Salvaje” (Que también dejamos por acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid0B6otARX6fdN7MZRpstS2qW12pzhM6RSiAznEZkb7uJAhwBpZxtmFpTy6p2xEj1USl). Los acabamos de leer y vamos a comentarlos brevemente.

 

El Humor Gráfico


El primero de los libros publicados por la dupla arranca en 1806, donde encuentra el primer registro de humor gráfico, protagonizado por un burro que gritaba “Viva el rey” y que se supone obra de Francisco de Paula Castañeda, responsable de varios periódicos posteriores a la revolución de 1810. De ahí en adelante, los periódicos son el lienzo en el que aparecen los primeros trabajos registrados, aún sin definirse del todo la forma que tendría más tarde, sin globos de texto ni nubes de pensamientos, y siempre vinculado a la efervescencia política que se vivía en el momento. El paso siguiente se dio con la aparición de las revistas, entre ellas “Caras y Caretas”, “El mosquito” o “PBT”, ya con varios autores dedicados a la tarea como Cao, Stein, Alonso, Zavattaro, Columba, El mono Taborda o Redondo entre otros, que cimentaron los parámetros del humor gráfico en el cambio de siglo. Ya en la segunda década del siglo XX aparecen revistas dedicadas exclusivamente a Historietas, con mucho contenido de humor gráfico como “Patoruzú”, “Las páginas de Columba” o “El Tony”, al tiempo que proliferaban los humoristas tanto en diarios como en revistas y se siguen sumando nombres a la ilustre tradición con gente como Dante Quinterno, Arturo Lanteri, Alcides Gubellini, Eduardo Muñiz y muchos más. Conforme avanza el siglo, las publicaciones se multiplican y también las temáticas, ya no solo es humor político, sino que aparecen otros aspectos vinculados al quehacer humano, el trabajo, las relaciones, los vicios, la guerra, el hogar, las amistades y un largo etcétera. De este modo van dejando registro tanto de autores, como personajes y publicaciones y se deja constancia de “Cascabel”, Oski, “Rico Tipo”, Divito con todas sus creaciones y sus despampanantes mujeres, Cesar Bruto, “Amarrotto”, “Piantadino”, el genial Roberto Battaglia padre de “Don Pascual”, el gran Ferro, Calé, Jorge Faruk, Carlos Garaycochea, Copi, Landrú y sus aventuras editoriales de la mano de “Tía Vicenta” y otros intentos, “Isidoro Cañones” y muchos más, hasta llegar al presente con la justificada popularidad de “Mafalda” y Quino. (Presente para el momento en que se escribió el libro, allá por Febrero de 1972, claro está).

 

Las Historietas


 

Ese mismo año publican el siguiente libro dedicado, en esta oportunidad, a la “Historieta seria”. Arrancan intentado establecer el nacimiento del medio relacionándolo con las pinturas rupestres del hombre de las cavernas y los jeroglíficos de distintas civilizaciones alrededor del globo y a lo largo de la historia, para después dejar testimonio de los primeros intentos yanquis de la mano de “The yellow kid” de Richard Outcault, o “Little Nemo in slumberland” de Winsor McCoy entre otras, reconociendo su influencia en la historia de la Historieta Argentina y como crearon un código que se universalizó, logrando que todo el mundo supiera que un globo es algo dicho, una nube es algo pensado, un “bang” es un disparo, etc. Las primeras creaciones a nivel local las ubican en 1901, nuevamente de la mano de “Caras y Caretas” con “La caza del zorro” de Acquarone y “La moneda de oro” de Sallier. Ya para 1912 aparece “Viruta y Chicharrón” y en 1913 “Sarrasqueta”, ambas de Manuel Redondo, y un poco después “El Negro Raúl” de Lanteri.

Y nuevamente van dejando registro tanto de autores, como publicaciones a lo largo del siglo XX, con la aparición ineludible de Columba, Quinterno, “Pif-Paf”, “Billiken”, “Rataplán”, “El gorrión”, “Don Fulgencio” de Lino Palacios, “Pulgarcito” y “El mundo perdido” de Carlos Clemen, etc.

Llegan a la edad de oro de la Historieta con los nuevos títulos de Columba como “Intervalo”, la proliferación de la editorial de Dante Quinterno, los nuevos autores y personajes como Langostino, Vito Nervio, Arturo Del Castillo, Alberto Breccia, Oesterheld, la Editorial Frontera, Misterix y la aparición de una vertiente nacional, con Historieta gauchesca y otras con paisajes locales que, consideran, le termina de dar identidad propia logrando desprenderse de la influencia norteamericana, todavía tan presente en diarios y revistas a nivel local. Terminan el libro lamentando el cierre de revistas y la reducción del mercado que se vivía en ese momento y que, ahora lo sabemos, se agravaría en las décadas siguientes…

 

Ambos libros resultan, a más de 50 años de su publicación, un recorte muy reducido de la historia del medio. En el momento en que lo escribieron Mafalda aún se publicaba semanalmente, Oesterheld seguía escribiendo para Record y Columba, las revistas proliferaban en los puestos de diarios y grandes páginas aún no habían sido dibujadas. Pero es un valioso testimonio de la voluntad de los autores por formalizar una historia de la Historieta, y un registro del momento en que fue publicado. La dupla, además, publicó un tercer libro dentro de la misma colección dedicado al humor escrito, pero como está fuera de nuestro campo de interés, no lo leímos… Trillo insistiría un poco más tarde en la divulgación, junto a Guillermo Saccomanno, con quien escribió “Historia de la Historieta Argentina”, publicada por Ediciones Record en 1980, pero eso quedará para otra ocasión…

 


 “En 1930, ya se podía decir que la Historieta argentina tenía una personalidad propia y definida.”