La obra de Osamu Tezuka es verdaderamente inabarcable. Fue un artista de una inmensa producción del que siempre quedan cosas por descubrir. ...

Resentimientos de juventud: “La canción de Apolo”

La obra de Osamu Tezuka es verdaderamente inabarcable. Fue un artista de una inmensa producción del que siempre quedan cosas por descubrir. Es por eso que en varias oportunidades en este espacio volvemos sobre su trabajo, hablamos de Astroboy hace un tiempo (Acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid0VyaroLWqCW5uf6P5vfUYWDHxGMf8YrQeFhn8PprMX8xBChaiT44Hd18HCwQZM6Nkl), de “Lost World” en un podcast (El de aquí: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid02ZyKweBARmSeEJqLZ4kxwUh5XuGkGiuSsy58FfaL7rLbwXF3WyaXNn7miGzdHR1Sgl) o de “La nueva isla del tesoro” (Acullá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid0j43op6niZmVTFTJAtdrPogj3SZ3Epyb1nXcbnTXgjywb5XZyoCwZ3TszxmSkzCbxl), entre varias otras. Sin embargo, como decíamos, siempre quedan lecturas pendientes y, en esta oportunidad, le entramos a “La canción de Apolo”, Historieta que el Maestro publicó originalmente por entregas en la Weekly Shōnen King, entre Abril y Noviembre de 1970.

 

Shogo Chikaishi es un joven que, fruto de la licenciosa vida de su madre y de no conocer a su padre, crece con un profundo resentimiento y una enorme aversión a cualquier situación romántica o expresión amorosa entre dos seres. En principio lo manifiesta en contra de los animales, lastimando o matando a cualquier pareja animal que se esté cortejando, práctica que mantiene durante un tiempo hasta que la policía se cansa y lo mandan a guardar. Pero como es todavía menor y no puede ir a la cárcel, le meten en un loquero.




Con temor a que sus actos violentos deriven en asesinar personas, el doctor a cargo decide empezar con terapia de electroshocks e hipnosis. En la primera sesión, Shogo tiene una alucinación en la que se encuentra con la Diosa Atenea, quien luego de recordarle el origen de su furia, decide hacerlo pasar por distintas situaciones en las que tendrá que reevaluar su rechazo al amor.

Ahí comienza el viaje de Shogo que se la pasará saltando de una situación a otra sin saber si lo que vive es realidad o fruto de algunas de las técnicas del Doctor que lo atiende. Así cree ser un soldado nazi que se sensibiliza ante una prisionera judía a la fuga llamada Elisa, a quien quiere dejar escapar; se vuelve un piloto de alquiles que se estrella con su pasajera en una isla poblada solo por animales en pareja, que viven y dejan vivir en paz siempre y cuando no se metan con ellos; cree darse a la fuga del hospital y reencontrarse con su madre, para luego ser rescatado por una joven llamada Hiromi que lo oculta en las montañas, para luego comenzar a entrenarlo con el objetivo de correr maratones; más tarde tiene un accidente del que se despierta en una sociedad futurística y distópica gobernada por seres sintéticos, siendo él parte del grupo de humanos rebeldes que se oponen al poder y lo mandan a atentar contra la reina. La reina se termina enamorando de él, al tiempo que Shogo se esfuerza por hacerle entender que los sintéticos nunca podrán experimentar las emociones que tiene los humanos. Pero la reina no da el brazo a torcer y hace modificar su cuerpo para poder tener sexo. Pero el resto de los sintéticos se oponen y empiezan a perseguirlos lo que termina todo en un descontrol total… Del que vuelve a despertar en las montañas bajo el entrenamiento de Hiromi, de quien se empieza a enamorar. Pero resulta que este entrenamiento y la relación con la muchacha es parte del tratamiento del doctor, que buscaba sensibilizar al muchacho y llevarlo a aceptar el amor en su vida. De todos modos, Hiromi estaba casada aunque también comienza a tener sentimientos para con Shogo, e intenta escapar de su marido… Ambos se buscan para confesar su amor, mientras que varias personas los persiguen…

 


La historia es un frenesí de descontrol total, que salta de una situación a otra siendo todas muy distintas y forzando al lector a reconectar con cada evento nuevo. Todas las emociones y situaciones están llevadas al extremo, profundamente grandilocuentes y exageradas, y me da la impresión que es intencional, que busca reforzar lo que está contando, enfatizando todo para que no haya equívocos. Tezuka era una fuerza creativa impresionante, todo el tiempo producía y siempre tenía ideas nuevas para plasmar. En algunos pasajes me dio la sensación de que unió distintos conceptos o líneas argumentales destinadas a diferentes obras, conectadas con la excusa de las sesiones de hipnosis y las alucinaciones de Shogo. El mensaje de la Historieta es claro, lleva a un personaje cerrado a las emociones a redescubrir el valor del amor, pero los caminos que toma son del todo inesperados, en algunos casos demasiado rebuscados, pero que sin dudas consiguen su objetivo. La lectura es entretenida y ligera, muy favorecida con la magia que tenía al plasmar el dibujo. Una narrativa perfecta, una gracia inigualable para el movimiento de los cuerpos, las escenas de acción, el manejo de las expresiones, las puestas en página, la dinámica de los objetos y el diseño de los escenarios. Se nota el trabajo y la dedicación puesta en cada página y, a pesar de los años de trabajo que ya tenía en el lomo, en ningún momento está en piloto automático, sino que cada decisión está pensada y llevada a buen puerto.



 

La edición que tenemos fue recopilada en dos tomos por la desaparecida ECC en el 2014 y creo que aún se puede conseguir con cierta facilidad. Siempre es un placer leer a Tezuka, por lo que prometemos volver con el Maestro muy pronto.

 

 


 

 

“Apolo, hijo de Zeus, el rey de los dioses, era también el dios de la cultura y la medicina. De entre todos los dioses. Apolo era especialmente masculino, bello y autoritario. No fueron pocos los chicos y las chicas que quedaron prendados de su magnetismo.”

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