Soy absolutamente fan de la colección “Teatro en viñetas”, una iniciativa de la editorial Loco Rabia que cuenta con el apoyo del Instituto N...

“Teatro en viñetas 3”

Soy absolutamente fan de la colección “Teatro en viñetas”, una iniciativa de la editorial Loco Rabia que cuenta con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro y ya lleva seis entregas. Cada tomo trae la adaptación a historieta de dos obras teatrales de autores argentinos, guionizada en todos los casos por Alejandro Farias e ilustrada por diferentes dibujantes. La idea primordial de estas publicaciones es que se lean en las aulas, porque leer una historieta es infinitamente más satisfactorio y entretenido que leer dramaturgia (Con todas las descripciones de escenarios y didascalias que contienen, ralentizan y distancian la lectura para el lector ocasional o no experimentado), claro que esto no es excluyente y también son una buena lectura para cualquier amante del teatro o las historietas o ambas.

La primera de las piezas teatrales incluidas en el tercer tomo es “Chau, Misterix” de Mauricio Kartun, y su adaptación cuenta, como dijimos, con guiones de Alejandro Farias y dibujos de Adrián Montini Gauna. “Chau, Misterix” siempre estuvo entre mis obras de teatro favoritas, no por que me parezca de las mejores, sino por estar tan vinculada con la historieta. Es la historia de Rubén, un joven que se encuentra en un momento de la vida en el que siente que debe dejar la infancia detrás y pasar a la madurez, pero ante cada frustración o sentimiento de impotencia deja volar su imaginación, en la que se convierte en el legendario Misterix y todas las personas de su entorno tienen un rol asignado en sus fantasías. La enemiga es la profe de particular, sus amigas los interesas amorosos del héroe del poder atómico, el bravucón del barrio es el villano de turno y así… Todo esto transcurre durante los días de carnaval que se festejaban en los clubes de barrio, al que los niños iban disfrazados y, los que habían superado la infancia, estrenaban pantalones largos, el gran anhelo de Rubén…




La segunda obra es “Despertate, Cipriano” de Francisco Defilippis Novoa. No tenía previamente conocimiento de la obra ni del dramaturgo, quién tuvo una vida muy breve, aunque fructífera en cuanto a su producción artística. En esta oportunidad, los dibujos están en manos del talentoso Fabián Salazar. Cipriano es un padre de familia que vive de las apariencias. En base a mentiras se construye una imagen de la que se termina convenciendo y dándose un sentimiento de importancia, que se contrasta con la realidad que viven su mujer, su hijo y él mismo. Todos los días sale de su casa a la mañana, va a zona de tribunales, pasa el tiempo en los cafés charlando con diferentes personas a quienes les recomienda tomar contacto con su asociado, el Doctor García Figueroa, un abogado que no lo conoce de nada y está cansado de recibir en su despacho personas que vienen por recomendación de Cipriano. Está siempre acompañado por Bitter, un personaje que cumple dos roles, primero como facilitador, acercándole incautos que compren sus mentiras a cambio de unos pesos, pero también como la voz de la conciencia que intenta bajarlo a la realidad que vive… Encantador, abnegado, charlatán y manipulador, Cipriano intentará mantener la imagen que construyó, obtener los réditos que cree merecer y sobrevivir el embate de García Figueroa intentando no perder a su familia en el camino…




Las adaptaciones de Farias están excelentemente logradas. Respetan el material original aprovechando los recursos que la historieta le otorga y sin descuidar ningún detalle en el traspaso de un medio a otro. Evidentemente tiene un amplio conocimiento de ambos mundos.
Si bien todos los dibujantes elegidos para realizar las adaptaciones (Al menos aquellas que he leído hasta ahora) son muy talentosos, los estilos que tienen o elijen no siempre me parecen adecuados para la historia en cuestión. En este tercer tomo tenemos una de cal y una de arena. El estilo empleado por Gauna no me parece tan acertado para “Chau, Misterix”. Dibuja a los personajes muy aniñados, pero con una fisonomía que, tal vez intencionalmente, hace parecer que son adultos interpretando niños (Aunque con proporciones corporales de infantes). Por otra parte, las viñetas se presentan a veces muy cargadas entorpeciendo un poco la narrativa. Todos estos detalles se clarifican en las fantasías de Rubén, cuando el estilo muta obteniendo mayor limpidez y diseños mucho más adecuados (Siempre hablando desde la subjetividad personal, claro está)
Distinto es el caso de Zalazar, cuyo estilo elegante y claro me resultó acertadísimo para la historia que cuenta. Los diseños de los personajes son tan certeros que ya no puedo imaginarlos con otra fisonomía. También el resultado es muy alto en cuanto a las expresiones y la narrativa empleada. Los que más me gusto de un muy buen libro en una brillante colección.
En 2018 se editó el sexto y último tomo de “Teatro en viñetas”, esperemos que pronto tengamos más…





- “Confíen en mí. La justicia triunfará y derrotaremos a “La Particular”, gorda de mierda que lo único que sabe es poner insuficiente con rojo…”

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