Tarde llegamos a tomar contacto con la obra de Paco Roca, el extraordinario historietista español que, en el último tiempo, tuvimos la suert...

El tiempo es veloz: “Arrugas”

Tarde llegamos a tomar contacto con la obra de Paco Roca, el extraordinario historietista español que, en el último tiempo, tuvimos la suerte de comenzar a ver en edición local. Tanto Hotel de las Ideas como Utopía editorial publicaron algunas de sus obras las que se volvieron más accesibles para el lector de estas latitudes, porque anteriormente solo se conseguían los títulos publicados por Astiberri a precios verdaderamente prohibitivos. Como más vale tarde que nunca, arrancamos leyendo “Arrugas”, su obra más conocida y aclamada, publicada originalmente en 2007 para el mercado francés.

 

Arrugas se mete con un tema que muy pocas veces se abordó desde este medio, la vejez, la senilidad y la relación de las familias con los adultos mayores. Emilio es un hombre de 72 años que está transitando los primeros embates del Alzheimer, y la convivencia con su hijo Juan se vuelve complicada. Juan y su mujer deciden internarlo en un asilo de ancianos donde reciba atención las 24 horas y patear el problema afuera de la cancha. Emilio entiende todo y la situación lo fastidia, pero la acepta. Ya el primer día hace buenas migas con Miguel, otro interno que reside en el asilo desde hace dos años. Un tipo lúcido, sin familia, que se aprovecha de la enfermedad mental de otros viejos para sacarles guita. Pero a pesar de ese detalle, es un buen hombre con el que Emilio traba amistad enseguida. A través de Miguel comienza a conocer el asilo, los empleados y a los otros internos. Así van apareciendo otros personajes, casi todos de la tercera edad y con una delicadeza suprema, Roca va construyendo en paralelo las personalidades e historias de esos abuelos y las relaciones entre ellos dentro del asilo, al tiempo que avanza la enfermedad de Emilio y su condición empeora. El asilo se divide en dos niveles, en planta baja viven los residentes que están más o menos bien de la cabeza y tienen cierta autonomía, y en el primer piso aquellos que necesitan asistencia constante por problemas físicos o mentales. Emilio va notando como se deteriora, se compara con otros viejos que padecen la misma enfermedad en estados más avanzados, e intenta, junto a Miguel, hacer todo lo posible para no llegar al primer piso…

 


La obra es excelente en muchos niveles. Para empezar, Paco Roca no toca de oído, realizo una investigación que le llevó un año aproximadamente en la que visitó varios asilos de ancianos, estudió cómo funcionan, como se atienden a los pacientes, que clase de personas son los especialistas que allí trabajan, que actividades realizan los ancianos, los horarios que tienen, como se suministran los medicamentos, que tipo de atención especializada reciben y demás. Por otra parte, se interiorizó en varias enfermedades propias de la tercera edad, en saber cómo afectan a las personas y que comportamientos conllevan, principalmente con el Alzheimer, que es sobre la que más se explaya. Todo esto no salió de la galera, sino que Roca se inspiró en la situación que estaba viviendo un amigo suyo con su padre que padecía Alzheimer, además de ver como envejecían sus propios padres.

Con todo esto a cuestas, se volcó al tablero para delinear una historia delicada, sutil, llena de momentos mágicos y conmovedora en extremo. Si bien es algo bajonera por la temática que trata, no se cuelga de la depresión o de dar golpes bajos, por el contrario, hay muchas situaciones casi cómicas que provienen del accionar de los viejos quienes, pese a todos los males que los aquejan, de a ratos intentan seguir disfrutando de la vida.  Estos momentos ayudan al lector a llevar mejor el otro costado de la historia, el que nos muestra un extremo de la vida en el que, al menos yo, no reparo demasiado.

Después está el resultado final de toda esta investigación y delineado de la historia, que es la Historieta en sí. Como en cualquier otra expresión artística, todo lo que se muestra (O no se muestra) tiene un significado, está puesto para contar algo. Todo lo que se exhibe en un cuadro, escenario o viñeta está pensado (Debería estarlo siempre) para servir al guion, reforzar las situaciones y hacer avanzar la historia. Paco Roca sabe esto perfectamente y exprime al cien por ciento todos los recursos que le brinda el medio. Cada detalle está planeado, la disposición de las viñetas, los espacios en blancos, la paleta de color utilizada, el momento en que aparecen los flashbacks, las estaciones del año que atraviesan la residencia de Emilio en el asilo, los momentos de silencio, todo conformando un mecanismo que hace funcionar la obra a la perfección.




Y todo esto es llevado a cabo con un hermoso dibujo, de aspecto simple, que por momentos me recordaba a David Mazzucchelli, no porque se parezcan los estilos, sino porque se parecen los trazos, esa habilidad de pocos de poder encontrar una infinita variedad de rostro y expresiones con una ínfima cantidad de líneas empleadas. Y puesto en página con la sabiduría de elegir siempre la perfecta disposición de viñetas, el enfoque justo, el recorte necesario para que la narrativa sea brillante y emocionante.

Tenga en cuenta algunas salvedades querido lector, por un lado, nada de lo dicho previamente le hace verdadera justicia a esta Historieta; y por el otro, acérquese a esta obra olvidándose de toda esta perorata inútil y déjese llevar. Hacía mucho tiempo que un hecho artístico no me conmovía tanto, me amargaba a la vez, me invitaba a reflexionar y me hacía contemplar la vida y la finitud del hombre con nuevos ojos…

Por más obra así y por una larga vida al Maestro Paco Roca!! Salúd!!

 


 

 “El Alzheimer es diferente. Se puede dar a una edad más temprana y el deterioro es más rápido y devastador. No solo afecta la memoria a corto plazo, sino que destruye toda la memoria, la orientación, el significado de las palabras, el control de cuerpo…”

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