A pesar de que llevo varios años leyendo Historietas, es todavía mucho más lo que desconozco que aquello sobre lo que tengo alguna data inco...

Jefe de familia: “La familia Trapisonda, un grupito que es la monda”

A pesar de que llevo varios años leyendo Historietas, es todavía mucho más lo que desconozco que aquello sobre lo que tengo alguna data incorporada. Por otra parte, nunca fui metódico para acercarme al medio, ni tengo capacidad para un estudio formal y, en aquellos temas en los que profundizo, llego por casualidad o curiosidad ocasional. Por ejemplo, me crucé de forma fortuita con el tomo “Lomax: un viaje al espacio profundo” y recién ahí me interiorice en la vida y obra de Ricardo Garijo, su autor (Lo comentamos acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid032HCvMzH5J3sNMR9TrDWbvCZSuQt4pdpS4ngWuGTS67WtYUzkvGkVC4HwAjvqDUNbl), o cuando leímos la biografía de Joe Shuster (Esa maravilla que dejamos por acá: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid02dPKYqkTPFKQYZB5Fnvw2U49FfyEb1VkykhRxv4DeZHVyk8u4cPjQGoczcg8HtfK1l), empezamos a recabar información sobre cómo fueron aquellos años que rodearon a la creación de Superman (Y que reunimos con el hashtag #TheSiegelandShusterFiles). Lo mismo cuando hacemos las “investigaciones” para las aperturas de los podcasts dedicados (Oesterheld, Millar, 2000AD, Byrne, etc…), siempre es desordenado, impulsivo y guiado por fascinaciones pasajeras que decantan con el tiempo y nos dejan con un bagaje mejorado.

Todo este desvarío tiene como objetivo explicar cómo llegué al nuevo capítulo de la historia de la Historieta en el que me embarqué. Recientemente le dedicamos una “Lectura comentada” y varias entradas a la obra de Manuel Vázquez Gallego, por un libro que leímos recopilando las Historietas humorísticas que realizó en la segunda etapa de su carrera (De la que dejamos constancia por aquí: https://www.facebook.com/Historiasenvinetas/posts/pfbid0T6NwuBySDChh69fh9vERtX9U4sRL5cj8wh3ourPhT9ZuiuPouAQP3pw8zzHqnQd8l), y como una cosa lleva a la otra, vimos la peli biográfica que le dedicaron, empezamos a averiguar sobre la historia de la Editorial Brugera, todas las obras que allí nacieron, el trato que le daba a sus empleados, la apropiación obscena de originales y propiedad intelectual que hacía la editorial, la notable influencia de la Historieta Franco-Belga que tuvieron los creativos, la lucha por abrirse que algunos Historietistas intentaron llevar adelante (De lo que habla “El invierno del dibujante” del gran Paco Roca), los títulos legendarios que aficionaron a generaciones enteras de lectores españoles a las viñetas (DDT, Pulgarcito, Bruguelandia, Tío Vivo, Can Can, Din Dan, etc.) y por supuesto, las luminarias que generaron las distintas camadas del semillero conocido como “Escuela Brugera”, entre los que se cuentan Historietistas de la talla de Cifré, Conti, Escobar, Peñarroya, el mismo Vázquez, Figueras, Raf, Segura, Jan, Rovira y un largo y nutrido etcétera.




Después de buscar info en la red, ver varios videos contando la historia de la editorial y de varios de sus autores, y después de revolver todo el material que tenía disponible, terminé leyendo a una figura excluyente, también nacida en el seno de Bruguera y padre de los personajes más conocidos de la Historieta española, los célebres Mortadelo y Filemón. Francisco Ibáñez es parte de la segunda generación de la “Escuela Bruguera” y, además de los agentes de la T.I.A., es creador de series inolvidables como “Pepe Gotera y Otilio”, “13, Rue del Percebe”, “El botones Sacarino”, “Rompetechos” o, la que hoy nos convoca, “La familia Trapisonda”.

A finales de los 90´s, el diario español “Primera Plana” sacó un coleccionable llamado “El mejor Ibáñez”, que se componía de varios tomos de unas 40 páginas cada uno, dedicados a seleccionar lo mejor de cada una de las creaciones del Maestro. Tenemos varios de esos y en esta oportunidad, vamos a comentar los padecimientos de esa familia tan atípica.

 


“La familia Trapisonda” apareció por primera vez en la entrega N° 1418 del semanario Pulgarcito en el año 1958, como una suerte de reemplazo para “La familia Cebolleta”, creación de Vázquez, cuyas entregas se demoraban con demasiada frecuencia. Originalmente la familia estaba compuesta por Pancracio, el padre de familia y sustento económico, su esposa Leonor, ama de casa, dos pequeños, uno hijo del matrimonio llamado Felipín, y su inteligente primo conocido como Sabhiondín, además de Atila, el perro de la familia a quien le cae muy mal Pancracio, y Robustina, una empleada doméstica de pueblo y algo tosca. Sin embargo y a causa de las múltiples censuras que imponía el franquismo, las relaciones familiares tuvieron que modificarse. El tema central de la historieta era el padecimiento del pobre Pancracio con las travesuras que le hacían los pequeños, los quehaceres domésticos que le imponía Leonor, el sometimiento al que se veía rebajado por el director de la empresa para la que trabajaba, los múltiples golpes y caídas que sufría, sin contar los torturas por las que el buen Atila le hacía pasar. Durante el franquismo estaba prohibido, y cito textualmente, "toda desviación del humorismo hacia la ridiculización de la autoridad de los padres, de la santidad de la familia y el hogar"… Aunque parezca mentira, esto sucedió.




Ibáñez se vio obligado entonces a reformular la familia, por lo que Pancracio y Leonor pasaron a ser hermanos y los niños sus sobrinos. También cambió la profesión de Pancracio, que era bombero en un principio, pero más adelante se volvió empleado de una empresa. Sin embargo, supongo que este último cambio se debe a que el autor podía obtener mayores réditos humorísticos en la relación de Pancracio con el director, a quien en varias oportunidades invita a su casa en busca de un ascenso, pero el encuentro siempre termina mal.

Con la excepción de la primer historieta incluida en este libro que se extiende por cuatro páginas, el resto son historias de una única página donde, además de los enredos familiares y los entreveros con el dire ya mencionados, asistimos a varias enfermedades que sufre Pancracio y vemos como el ámbito familiar empeora su condición, la relación con algunos vecinos, sendos intentos de volverse rico de formas absurdas, desafortunados cruces con la policía y varias situaciones ridículas a las que el pobre hombre se ve arrastrado, muchas veces por su propia culpa.




 Si bien estas historietas son de un Ibáñez en desarrollo, que todavía no había llegado a su techo, y al que todavía se le notan en su trazo las influencias de Franquin e incluso tal vez, la de Vázquez, el dibujo de corte humorístico es muy bueno y efectivo. Es un genio para la comedia física y el manejo de los cuerpos en movimiento, que nunca escatima esfuerzo y llena las viñetas de detalles, aspecto que incrementaría con el pasar de los años y sería una de sus marcas registradas. Aunque las historias son simples y, en la mayoría de los casos, libres de dobles lecturas, han resistido con hidalguía el paso del tiempo y se siguen disfrutando. Algunos aspectos del humor puesto en página han caído en desuso (Los castigos físicos a los niños, la violencia familiar, los roles asignados, etc.), pero entendiendo que es una humorada, siguen siendo muy graciosos.

Y hasta acá llegamos con esta singular familia, pero por la larga y aburrida intro que hicimos, ya saben que en los próximos meses tendremos alguna que otra cosa más tanto de Ibañez, como de la mítica Editorial Bruguera…

 

    

 “¡Mira que emborracharte para recibir al director…!”

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