La editorial Océano, dentro de su sello “Historias gráficas” está publicando la famosa obra del semi retirado Bill Watterson en diferentes l...

Un niño y su peluche. “Calvin & Hobbes”

La editorial Océano, dentro de su sello “Historias gráficas” está publicando la famosa obra del semi retirado Bill Watterson en diferentes libros. La colección principal ya lleva 9 tomos editados (Que no todos tiene el mismo tamaño, lo que es un verdadero pelotazo en contra) y fuera de colección aparecieron dos libros especiales, uno llamado “Diez años” que trae una selección de las mejores tiras, y un segundo tomo con algunas de las tiras dominicales en edición bilingüe, las que fueron elegidas por el autor para una muestra que se llevó a cabo en la Universidad Estatal de Ohio y luego se recopilaron en libro. Estos últimos dos volúmenes traen comentarios de Watterson sobre su obra. Nos dimos una sobredosis de Calvin & Hobbes y de un saque nos leímos los dos libros especiales más el primer tomo de la colección y vamos a comentarlos aquí.




Cuando me anoticié de la consigna básica de esta historieta en lo primero que pensé fue en Winnie the Pooh. Es la historia de un niño, Calvin o Christopher Robin, que entabla una amistad con su peluche, Hobbes para el primero y Winnie con muchos más para el segundo y todos los peluches cobran vida gracias a la imaginación de los niños en cuestión. Por otra parte, el diseño de Hobbes es bastante similar al de Tigger (Uno de los tantos peluches de Christopher), ambos son tigres naranjas con rayas negras. Para mi fortuna y la del resto de los lectores, ahí se terminan las similitudes. La factoría Disney se encargó de edulcorar hasta lo vomitivo a Winnie the Pooh y de volver lelos a sus personajes…. Winnie es estúpido, el burro es estúpido, el tigre es estúpido y así con casi todos, mientras que Calvin y Hobbes siguen otros derroteros mucho más interesantes.
En la introducción del primer libro Garry Trudeau, creador de la tira “Doonesbury”, dice que Calvin & Hobbes (C&B de ahora en más) es una de las pocas tiras que representan adecuadamente la infancia sin perderse por caminos ajenos a la niñez (No textualmente, pero la idea es esa) … Tras leer los tres libros, discrepo con esta opinión. Al igual que ocurre con Peanuts o con Mafalda y sus autores, C&B es el vehículo que Watterson encuentra para dar voz a sus ideas y opiniones. Por este motivo en algunas tiras vemos bien representada a la niñez mientras que, en otras asistimos a declaraciones y reflexiones muy alejadas de las posibilidades intelectuales de un niño. Sin embargo, con cualquiera de estas opciones el autor consigue excelentes resultados y, sumado a su calidad gráfica, es lo que llevó a C&B a ser una tira de gran éxito al poco tiempo de debutar en 1985.



Calvin tiene 6 años, es hiperactivo, vive con sus padres en una ciudad tranquila y va regularmente a la escuela. No tiene amigos reales así que suple esa ausencia mediante su imaginación con la que dota de vida a su tigre de peluche, Hobbes. Nadie entra en la fantasía del niño, ni adultos ni otros pequeños de su edad. Es un mundo privado al que solo ellos dos pueden acceder y la magia se rompe cuando entra un tercero, que es cuando vemos a Hobbes como un simple peluche.
El elenco de la obra es muy reducido, con solo un puñado de personajes Watterson llevó adelante 10 años de tiras diarias. Están los padres de Calvin, que son del todo grises. Educan a su hijo lo mejor que pueden, pero siempre se ven sobrepasados por las situaciones que este genera y cuando los invita a participar de sus juegos con Hobbes, lo hacen de mala gana (El padre arropa en su cama a Calvin, le da un beso de buenas noches y sale del cuarto. El niño grita “¿No saludas a Hobbes?”, el padre vuelve con fastidio y desde la puerta espeta un desabrido “Buenas noches Hobbes”). Hasta dejan entrever, cada tanto, que se arrepienten de haber tenido un hijo (“Recuerdo que yo ofrecí comprarnos un perro salchicha” dice el padre) y gozan de los pequeños momentos donde Calvin se comporta educadamente o cuando logran salir solos, dejándolo al cuidado de su niñera.



Sin embargo, hay dos mujeres que encuentran algunas opciones para lograr controlarlo. Quien lo consigue con mayor eficacia es la niñera Rosalyn, que a base de amenazas, encierros y gritos mantiene a Calvin en calma. La segunda es su maestra, la Señorita Wormwood, que si bien no puede sojuzgar la imaginación del niño, al menos consigue que permanezca en clase la mayoría de las veces.
Por último, vemos regularmente dos niños compañeros de escuela. Moe, bravucón de la clase que solo aparece esporádicamente para amenazarlo y robarle su dinero y Susie Derkins, que es también su vecina y por quien Calvin se siente atraído, pero como no sabe canalizar ese sentimiento, constantemente se pelea con ella.
El director de la escuela y un tío de Calvin son personajes que aparecen extremadamente poco y a los que el autor decide no explorar más allá de un par de tiras aisladas.
La frondosa imaginación de Calvin crea otros personajes recurrentes en la serie en los que se transforma, como el Comandante Spiff, protagonista de sus aventuras espaciales; Bala Certera, detective privado generalmente centrado en resolver los desastres que C&B originan; y Estupendo-Man, alter ego super heroico de Calvin encargado de solucionar con sus asombrosos poderes los problemas que no pueda Calvin, mientras escapa de la constante admiración de las niñas…
De todos modos, las mejores tiras de la serie surgen cuando C&B están solos en el bosque que se extiende por detrás de su casa en el cual, con su carrito rojo o corriendo o trepados a un árbol o simplemente caminando, dan rienda suelta a su imaginación y estrechan los lazos de una amistad que conmueve por su profundidad y amor sincero.



En los dos libros especiales conocemos un poco más a Bill Watterson, ya que no solo escribe la introducción a ambos tomos, sino que además comenta varias de las tiras que estos incluyen. Lo que más resalta en su prosa es el enorme conocimiento que tiene del medio en que se mueve, es decir las tiras de prensa, y como busca caminos para aprovechar al máximo las posibilidades que el acotado formato le propone, a la vez que intenta constantemente defenderlo y expandirlo cuando en realidad, ya desde esa época, era un ámbito que venía en franco retroceso… Las tiras de prensa estaban perdiendo espacio en los diarios, a la vez que perdían lectores frente a la televisión y otros entretenimientos. En Estados Unidos los historietistas no negocian directamente con los periódicos, sino que ese trabajo queda en manos de sindicatos que tienen en cartera diversos autores, y ofrecen su trabajo (Y los derechos de explotación de los personajes) internacionalmente a cuanto matutino se muestre interesado. En el caso de C&H, esta tarea era realizada por Universal Press Syndicate con quien Watterson tuvo varios enfrentamientos. El primero de ellos a causa de que jamás quiso ceder los derechos de sus personajes para que fueran explotados en mercancías varias (Al igual que hizo Quino con Mafalda), lo que produjo el enojo de los jefes del sindicato por los muchos dólares que se perdían de ganar. En este aspecto el autor se mostró inflexible y logró salirse con la suya a pesar de que proliferaban los productos piratas con imágenes de C&B.
Otro enfrentamiento vino a raíz de que Watterson exigió mayor libertad para las tiras dominicales. El formato y distribución de viñetas estaba preestablecido por los diarios, y las primeras dos viñetas no debían ser vitales para la historia ya que no todos los periódicos las incluían… El autor se sentía muy limitado y quería utilizar el mismo espacio con la configuración que mejor se adecuase a sus necesidades creativas, y esto podría variar de Domingo a Domingo… La enorme popularidad de la tira sumada a su inflexibilidad, le permitió conseguir su objetivo y las tiras dominicales más hermosas surgen a partir de la libertad conseguida en este aspecto.
Al cabo de 10 años de publicación prácticamente ininterrumpida, Watterson comenzó a sentir la fatiga y el peso de la tarea. Constantemente se exigía a sí mismo y rara vez se mostraba conforme con los resultados, lo que desembocó en la despedida de C&B en la última tira dominical publicada el 31 de Diciembre de 1995… Nunca más volvimos a saber de Calvin y su fiel amigo quienes probablemente seguirán con sus travesuras en los bosques donde el tiempo no pasa, los niños no crecen y la felicidad está junto a un peluche, un carrito rojo y eternas tardes de verano…



La edición es bastante buena sobre todo por los tamaños en que se editó gracias al cual se aprecia y disfruta mejor el dibujo pero, tiene algunas contras importantes... Ya mencionamos la diferencia de dimensiones entre tomos, además son tapa blanda en formato apaisado las cuales se terminan doblando bajo el peso de las hojas, hubiese preferido tapa dura… Las hojas no son de la mejor calidad tampoco, excepto en el libro de “Tiras Dominicales”, en el resto llegan a traslucirse los dibujos del reverso. Por último, la traducción… En la edición bilingüe se nota como el traductor reduce los textos originales y en esa reducción pierden mucho de su impacto e intención original…
Calvin & Hobbes es un divertido paseo por lo mejor que las tiras de prensa han ofrecido en los últimos años...



“El potencial de las tiras cómicas -como vendedoras de periódicos y como una forma de arte- sería enorme si los dibujantes se retaran a sí mismos para crear un trabajo extraordinario, y si el medio trabajara para crear un ambiente que lo sustentara.” Bill Watterson

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